Jagvei Parte II “Los Servidores de Satanás”

La Leyenda continúa…

Los Servidores de Satanás

Parte II

Deambulando por los amplios pasillos, oscuros y malolientes se escucha el arrastrar de grandes cadenas, de lazos y de enormes masas de acero, unos seres diminutos se aproximan a los rincones de las paredes, rincones que no son tal, puesto que la parte que usualmente seria la unión de dos paredes formando un ángulo, conocido por el vulgo como, rincón, se forma otra pared corta que une a las paredes principales, simulando la parte superior de un trapecio.

De las paredes que se separan como si tuvieran vida, se abre una especie de ventana, de la cual salen brazos verdes, en formas caprichosas, como si fueran juncos saliendo de pequeños lagos verticales, los cuales son devorados por los entes diabólicos que se arremolinan en torno de estas pequeñas ventanas en las paredes traversas que se forman en los rincones de los salones del inmenso castillo.

Una vez saciada el hambre, las ventanas se cierran para seguir cultivando esos brazos que parecen tener vida, a pesar de su color verdoso, nacen de una superficie roja, como del color de la sangre, avejentada y putrefacta.

Los seres diabólicos, se alejan de los rincones y se dirigen hacia un punto al final de uno de los tenebrosos pasillos, lenta y macabra es la escena que Jagvei observa desde la parta alta de uno de los pasillos, usando su enorme destreza, logra treparse con agilidad minina, se encarama en la parte más alta de una de las muchas columnas que soportan el peso de la estructura medieval.

Una vez que aquel ejercito de seres terroríficos se pierden en el umbral de la puerta que se divisa al final del pasillo, Jagvei baja cuidadosamente de la saliente localizada en la parte alta de la columna, lo hace de una forma rápida y ágil, como desafiando a la gravedad; no la gravedad de su situación, sino la gravedad de la tierra, la atracción del subsuelo que busca que todo lo que se eleva se regrese con gran fuerza hacia sus dominios bajos.

Una vez a ras del piso, avanza sigilosamente hacia el umbral de la enorme pieza de madera que hace a la vez de puerta. Al llegar al final del pasillo, La puerta gigantesca da a unas escalinatas que bajan en forma de caracol, alumbradas con antorchas embadurnadas de restos de petróleo sin refinar, como recién sacado de las entrañas de la tierra.

JagVei, sin pensarlo dos veces saca una pequeña daga de su cinturón, toma una de las antorchas para usarla como camuflaje, sosteniéndola al frente, así evitará que las antorchas detrás de él proyecten una sombra hacia adelante y delatar su presencia ante posibles enemigos.

Continuará…

 


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