La Leyenda continúa… Parte III Los niños desaparecidos

La Leyenda continúa… Parte III

Los niños desaparecidos

Meses atrás!… Don Ruperto acude angustiado al comisario de la región, angustiado le dice. – Mira Atrulfo, tienes que hacer algo, ya van dos días que no se nada de mi hijo.
Atrulfo le contesta, – Estas seguro Ruperto que tu hijo no se fue con tus hijos mayores a la feria Del Peñón?…

– ¡No hombre! No puede ser, mis muchachos se fueron el viernes pasado y mi huerquillo se me desapareció el domingo. Ayúdame por favor, ya lo busque por todo el pueblo, recorrí los arroyos, tanquecillos, la cabecera del agua, los barrancos, todos los lugares que el pudiera alcanzar a llegar a pie en una jornada, y nada. Lo único que me falta es entrar al castillo, pero ya vez que lo tenemos prohibido, además que por donde, pos’ esta sellado por todos lados.

La puerta se abre estrepitosamente y entra un tropel de gente, alrededor de veinte personas de edad mediana, hombres y mujeres, al unísono se dirigen a Atrulfo. – No encontramos a nuestros hijos, tienes que hacer algo!!!… -Cálmense, por favor cálmense!… Uno a la vez, que no entiendo nada de lo que dicen….

El bodegón que servia de oficina y de bodega de grano a la vez, en cuestión de segundos se llenó de gente colérica, angustiada y asustada; todos reclamaban a Atrulfo, su comisario, como si el tuviese algo que ver con las desapariciones de los niños.

Una vez que Atrulfo logra calmar el fervor de la gente, los hace salir del bodegón, puesto que ya no cabe ni un alfiler, por lo apretado y pequeño del lugar, todos salen a la calle, bajan las escaleras que están en el exterior y se encuentran con otra muchedumbre que también viene hirviendo de coraje, gritando a los cuatro vientos. – ¡Nuestros hijos!… ¡Donde están nuestros hijos!… ¡Hemos perdido a nuestros hijos!…. ¡¡¡¡Juliancito, Pedrito, Rabelito!!!… ¡Todos se han perdido!… Ya no queda ni un niño en toda la comarca….

Arnulfo se dirige a la masa de gente, con gesto reconciliador les dice – ¡Aproxímense buenas personas, cuenten lo que les ha pasado!… Todos, los de la muchedumbre empiezan a hablar a un tiempo, lo cual hace imposible entender.

Uno joven requemado por el sol, de brazos largos y fuertes, y de ojos claros, toma el liderazgo y exclama… – ¡Tranquilos!… ¡Silencio todos!… Si gritamos todos a la vez no se nos va a entender… Sr. Comisario Atrulfo, nosotros somos de la Villa de Las Minas, la semana pasada repentinamente se empezaron perder los niños, al principio creímos que andarían jugando por el monte, pero no regresaban los primeros cuando se volvió a perder otro grupo de ellos, fue cuando organizamos búsquedas, encontrando un rastro, encontramos huellas desconocidas para todos nosotros, inclusive los mejores rastreadores del pueblo no las pudieron reconocer, decidimos seguirlas, llegamos hasta un lugar donde se reunían otro grupo de huellas que venían de otras partes. ¡Allá! tras Los Picachos, nos dimos cuenta que era una especie de campamento, a donde habían llevado los niños, los de nuestra villa, y los de otros pueblos de la comarca. Una vez que llegamos a esa conclusión, seguimos el rastro de un grupo de huellas mas grande y según nuestros rastreadores era el mas reciente. Ese rastro nos trajo hasta aquí, hasta las orillas de San Pablo!…

Al escuchar el singular relato del joven requemado por el sol y de ojos claros, toda la gente del pueblo de San Pablo, que había salido de sus casas atraídos por el ruido y la gritería de la gente, ya se arremolinaba alrededor del grupo de recién llegados, algunos se encaramaban en las ramas de los árboles para tener una mejor vista, otros sentados en las banquetas, silenciosos, escuchaban el relato del joven, quien hablaba con fuerza y seguridad.

Llenos de estupor, los habitantes de San Pablo se empezaron a preguntar… – Entonces nuestros hijos también están perdidos?…
– Atrulfo- dice uno
– También hace dos días que mis hijos no regresan… Creíamos que andarían en la feria del Peñón, pero esto ya no me esta gustando, tenemos que ir a buscarlos…

– Calma, todos, ¡Calma!- dice Atrulfo
– Vamos a organizar una partida para que vayan al Peñón, busquen a los muchachos allá, y de paso hablan con el jefe de la comarca. Díganle a Don Prisciliano, que van de parte mía y los va a atender inmediatamente. El es amigo personal del alcalde, ellos pueden ayudarnos a buscar, díganle que nos mande la guardia rural…

Un grupo mas se queda conmigo, se van a traer sus caballos y ármense con lo que puedan, machetes, armas de fuego, guadañas o lo que puedan y los espero en una hora en el pedernal, de ahí vamos a iniciar la búsqueda!…
– Como te llamas muchacho?- se dirige al joven requemado de ojos claros que hablaba por los de La Villa De Las Minas.
– Pío, Junípero Pío señor…
– Que las mujeres que vienen en tu grupo se junten con las de aquí y se dispongan a preparar víveres, viandas y todo lo que necesitemos para en caso de que salgamos a expedición, hoy vamos a barrer todos los alrededores del pueblo, si no encontramos nada, mañana al amanecer iremos al castillo a buscar el rastro que ustedes vienen siguiendo!…

– ¡Jaime! ¿Ya tienes listo mi caballo? porque en este momento partimos p’al pedernal…

Dicho esto último, todos lo tomaron como una señal de arranque y cada uno se fue por su lado en busca de lo aconsejado, todas las mujeres se juntaron y acordaron dividirse en grupos, unas Irian a juntar las viandas, para preparar los víveres, otras mas jóvenes y fuertes conseguirían ánforas y cantimploras para ir a llenarlas de agua del “remaniente” (forma local de llamar a un remanente de agua) para que los exploradores las llevasen consigo.

Una hora después, un grupo de unos cincuenta hombres, a caballo la mayoría, en burro, machos y mulas unos cuantos y el resto a pie subieron por la colina hasta llegar al pie del pedernal, ahí los esperaba Atrulfo y su ayudante, Jaime.

– La mitad de ustedes se van a ir comandados por Junípero- Junípero, lo interrumpe
– Señor, me puede decir Yuni.
– ¿Cómo?- ruge Atrulfo. – Pero te llamas Junípero!… ¿De donde salió eso de “Yuni”?… – – Señor disculpe mi interrupción, mis padres así me llaman, desde que hicieron un viaje a las “europas” y como allá les dicen así a los Juníperos, desde entonces me dicen así. Perdón por la intromisión otra vez-…
Con una expresión de enfado, Atrulfo escupe, y señalando al centro del grupo…
-De aquí pa’ allá se van con Ju…- hace una pausa, voltea a ver a Junípero
– … Yuni, se van con Yuni y agarran por el rumbo de la cordillera. Una vez que lleguen allá, divisan pa’ todos rumbos a ver si miran algo sospechoso, algún campamento o algo así… Recorren los cordones rumbo al arroyo de los álamos, buscan palmo a palmo una pista o trazas de que alguien haya pasado por allí rumbo al cerro blanco. Si no encuentran nada, se van rumbo al Castillo, allí estaremos nosotros; vamos a intentar abrirlo y entrar, pero no podemos hacer nada hasta que llegue Don Prisciliano y sus Rurales. Recordemos que eso es propiedad de un mentado Conde De Benavente, protegido por las leyes de este país, “asegún” de los “asegunes“. Según esperan que vengan gentes de fuera a tomar control de la propiedad… Así que pa’ no meternos en un problema con la ley, solo Don Prisciliano con la avenencia del alcalde puede abrir el castillo…

Entrada la tarde, el astro rey se perdía en el firmamento, los rayos se tornaban rojizos, como si el horizonte hubiese sido regado con sangre. Llega Don Prisciliano, junto a los emisarios de Atrulfo y la guardia Rural de unos 20 hombres, todos armados con fusiles, machetes y dagas traídas de el sur de España por Don Juan Nepomuceno Treviño y Reyes, como regalo a la recién creada fuerza de vigilancia de la comarca.

– Saludos- Dice Don Prisciliano a Atrulfo
– Nos enteramos de lo que está pasando y nos dirigimos hasta aquí lo mas rápido posible para buscar a esos huercos….-
Continúa – El Alcalde les entiende su mas sentido pesar y me ha ordenado que no escatimemos esfuerzos. Inclusive envió una misiva en calidad de urgente, para localizar a JagVei, aquél muchacho que hace años nos libró de aquella horda de salvajes que amenazaron con esclavizar a los habitantes de la comarca. Él alcalde teme que sean estos mismos, que hayan vuelto una vez mas, pero que ahora hayan cambiado su estrategia y quieran amedrentarnos secuestrando a los mas desvalidos.

Gracias señor- Dice Atrulfo
– ¿Podemos proceder a abrir el castillo? Me gustaría entrar de una vez, para descartar o asegurarnos que los niños estén o no estén aquí señor-

Don Prisciliano grita – ¡Traigan barras y marros, tumben esa puerta!- Varios hombres con barras de acero y mazas se aproximan a la enorme puerta, sacan los clavos y a punta de golpes rompen los gaznos que soportan la cerradura, una vez abierta Atrulfo se dirige a Jaime.
– Quédate con diez hombres, el resto vamos a entrar junto con Don Prisciliano y los rurales, aquí esperas a el tal Yuni y les dices que nos esperen aquí, hasta que salgamos..- Dicho esto se une al grupo, que fusil en mano ya cruzaba el umbral del castillo…

Los Rurales entraron primero, seguidamente Don Prisciliano, Atrulfo se le une junto a uno poco mas de una docena de sus hombres. Las sombras de la noche tienden su lúgubre manto sobre las colinas que circundan el castillo de San Pablo. Silencio, un silencio sepulcral invade el ambiente, Jaime me empieza a preocupar, divisa hacia las colinas y escucha un tropel, agudiza la vista y alcanza a ver figuras fantasmales, los hombres se ponen tensos, empuñan sus machetes y se disponen a hacer frente a los que se aproximan, escuchan un grito conocido
– ¡Somos nosotros! Yuni y los demás emisarios, recorrimos la cordillera y el arroyo de los álamos y no encontramos ni huellas de que alguien haya pasado por ahí en días.

– Aproxímense, soy Jaime y una decena de los hombres del pueblo, los demás se metieron al castillo hace cosa de minutos, veinte o treinta minutos a lo mucho…
– Su interlocución fue interrumpida por gritos y disparos que salían del castillo, luces y sombras se veían que pasaban de lado a lado reflejadas en las enormes paredes internas del castillo… Después del inicial ruido de disparos y gritos lastimeros, siguió una andanada de aullidos y rugidos jamás escuchados con anterioridad en toda la comarca, eran unos sonidos guturales de los que solo seres imaginarios de otras dimensiones podrían realizar, ruidos estruendosos, mas disparos y gritos de angustia y dolor se dejaron oír, poniendo los pelos de punta a Yuni, Jaime y el resto de los hombres del pueblo… Algunos de ellos tiraron, machetes y palos y emprendieron la graciosa huida con los ojos desorbitados de miedo… Jaime les gritaba!…
– ¡Regresen cobardes tenemos que entrar a ayudar a los muchachos! ¡Regresen!… ¡Maldita sea!

Jaime y Yuni se quedaron atónitos por unos cuantos segundos sin atinar a reaccionar, un par de hombres del pueblo se quedaron atrás, quizá porque estaban paralizados por el terror o no alcanzaron a reaccionar ante la huída de sus compañeros. Una vez que recobraron la compostura, uno de ellos pregunta
– Q…Que hacemos Jaime?…
Jaime dice – ¡Yo voy a entrar! Hay que ver si podemos hacer algo por el resto de los muchachos- Con tono nervioso y palabras entre cortadas articula el que no había hablado  -Pe.. P… pero apenas somos cuatro, sería un suicidio- replica Yuni
– No nos podemos quedar de brazos cruzados. Entremos y que sea lo que Dios quiera.

Dicho lo anterior, los cuatro se aproximan con pasos vacilantes hacía la puerta semi derruida y se introducen con cautela, blandiendo sus machetes como tratando de cortar un velo invisible que se cernía sobre ellos..

Al cruzar el umbral, entraron a un amplio pasillo, la obscuridad era absoluta, estaban a punto de encender una lámpara de queroseno, conocidas como aparatos de luz portátiles en la región; cuando uno de los hombres exclama en voz baja
– Jaime mira allá al fondo- Todos voltean hacía donde señalaba el sujeto, al fondo, casi al final del pasillo, se vislumbraba una puerta, de la cual se podía observar una tenue luz que iluminaba uno de los marcos de la puerta. Desisten de encender su lámpara, y con paso mas de temor que de decisión deciden dirigirse hasta la puerta al final del pasillo.

Jaime, se repega en la pared y con la frente sudorosa y la garganta echa nudo, los ojos a punto de salirse de las pupilas, hace acopio de valor y se asoma con mucha precaución, tratando de no hacer ruido…

Continuará…..

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